El perfil del diseñador está errado

Buenos Aires , 22/09/2009

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Es necesario operar cambios en la
educación del diseño en pro de una
capacitación que sirva para enfrentar
la realidad laboral.

 

El 95% de los estudiantes se proyectan en
su vida laboral futura como profesionales
independientes(1).
El dato no es menor porque, con absoluta
contundencia, pone de manifiesto una necesidad
específica de capacitación para el futuro
profesional. A ese datos estadístico hay que
sumarle otras realidades del mercado:
Existen muy pocos puestos laborales en relación
de dependencia ocupados por diseñadores que
superen los diez años de vida profesional.
Cumplida esa etapa o incluso antes, el
profesional-empleado suele aventurarse al
emprendimiento propio.
La salida laboral en relación de dependencia
para profesionales jóvenes no parece convocar
diseñadores sino a operarios. Basta leer los
anuncios que se publican en diversos medios:
«Se busca diseñador con manejo en entorno
Mac/PC, con conocimiento de programas:
Photoshop, Ilustrator…».
La independencia
En estudios realizados acerca del emprendedorismo
en América Latina se menciona que la principal
escuela donde se forjan la vocación y la
competencia para crear y manejar un emprendimiento
es el empleo en el que el emprendedor trabajó
previamente(2). En el caso del diseño, si ese
trabajo consistió en estar frente a una computadora
bocetando o armando originales, la consigna
no se va cumplir. Y, en efecto, quienes realizan
esa función, que es la que abunda en el formato
de relación de dependencia, no adquieren ninguna
de las competencias necesarias para posteriormente
formar y llevar adelante el estudio propio.
Estos mismos informes aseguran que la baja
presencia de modelos de rol y la débil contribución
del sistema educativo a la adquisición de capacidades
emprendedoras figuran entre los principales aspectos
culturales que obstaculizan, en alguna medida,
el surgimiento de nuevas vocaciones empresarias.
¿Qué curioso que una profesión donde los modelos
de rol están ausentes, y donde la educación es por
demás deficiente en lo que hace a capacitar en
aspectos de emprendedorismo, tenga una tendencia
tan marcada hacia la salida laboral independiente?
La ausencia de modelos no se debe a que no existan,
sino a cierto hermetismo por parte de los estudios
de diseño a hablar de temas relacionados con el
negocio (durante años el precio del servicio del
diseño pareció ser un tabú, y aún hoy, hay estudios
que ni quieren tocar ese punto). A lo que hay que
sumar una fuerte tendencia por parte del estudiantado
a interesarse en apreciar sólo los productos gráficos
de los estudios referentes del mercado, observándolos
casi como figuritas, y mostrando un preocupante
desinterés por indagar en temas referidos al negocio
del diseño. De esta manera, armar un estudio propio
está más emparentado con la idea de auto-emplearse
que con la de formar una empresa de diseño.
La consecuencia directa de la situación descripta
es que los profesionales terminan transitando un
arduo camino de aprendizaje que se basa en el
anti-método del tropezón-caída-levantada, con la
posibilidad no segura de sacar conclusiones que eviten
nuevas caídas. Este proceso suele implicar diez años
de penurias, donde nada asegura llegar a buen puerto
ni conservar la autoestima necesaria para continuar.
A esto debe agregarse que la puerta de entrada al
diseño está plagada de futuros estudiantes con una
fuerte inclinación hacia lo artístico —y el
correspondiente estilo «bohemio» que eso conlleva—,
totalmente alejados de conceptos empresariales y
de negocios. Los diseñadores nos sentimos mucho más
cercano a un artista plástico que a un contador.
¡Lástima que uno de los primeros pasos para armar
un estudio sea contactar justamente a un contador!
En respuesta al hecho de no contar con una inclinación
natural que nos predisponga a llevar adelante un
negocio, con todo lo que ello implica, este tipo de
contenidos deberían convertirse en prioritarios
durante nuestra etapa de formación. La palabra
clave en este asunto es: «Gestión».
La gestión
Es una tarea difícil explicar a los estudiantes
de los primeros años, que con cierta razón consideran
que estudian para diseñar, cuán determinante
será el capacitarse en gestión para el desarrollo
de su profesión. Es lógico que un estudiante
considere que para diseñar no se requiere de
conocimientos de gestión. Pero es incomprensible
e inaceptable que casi todo el sistema educativo,
ignore el dato estadístico con que iniciamos este
texto y, en definitiva, no brinde la capacitación
necesaria a los estudiantes. Paradójicamente,
el censo antes mencionado arrojó también el
siguiente dato:
Para el 65.5% de los profesionales y docentes las
casas de estudio no contribuyen a la adquisición
de capacidades emprendedoras y de gestión.
Imaginemos una estructura unipersonal, en la que
el diseñador hace frente a todas las tareas.
No pasará mucho tiempo hasta que, ante al crecimiento
en la demanda de trabajo, deba comenzar un proceso de
delegación a través de tercerizaciones y alianzas
(en la medida que no desee que su estructura crezca).
¿Cuáles serán la tareas tercerizadas? O, para
simplificar, ¿cuál es la única tarea que no se
puede delegar? La gestión.
¿Cómo es posible que lo único indelegable sean
aquellas tareas que requieren de conocimientos y
habilidades que no hemos incorporado? La realidad
marca que el diseñador novel tiende a vivir frustraciones
profesionales, y no por falta de trabajo, sino por no
saber gestionar el trabajo. El profesional con más años
de trayectoria vive otro tipo de frustraciones, en este
caso porque pese a tener un alto ritmo laboral, no
termina de convertirlo en negocio.
Para que se cumpla la premisa planteada en la frase que
inicia este texto (que los profesionales logren
desarrollarse como profesionales independiente),
es necesario un importante ajuste a nuestro perfil
profesional. La incapacidad de gestionar un estudio
de diseño —que generalmente conlleva no trazar
estrategias, desconocer como posicionarse en el
mercado y no tener una misión y visión claras—,
colabora muy estrechamente con la imagen que
proyectamos al mercado. Esto, además de perjudicar
a cada diseñador, contribuye al desmerecimiento de
la profesión. Lamentablemente, para la mayoría
de los clientes, el diseñador gráfico es una persona
que sabe hacer dibujos.
Un estudio de diseño que enfrenta continuamente al
mercado con una inseguridad absoluta del servicio
que brinda, del por qué de sus costos, sin saber
como venderse, vive a diario situaciones de roce y
desgaste con los clientes. Situaciones que terminan
por predisponer mal al cliente frente al diseño y
a la importancia que puede tener para su empresa.
Cuando me refiero al cliente pienso en la infinidad
de PyMEs que conforman el mercado, que no contratan
diseño, o lo hacen mal. Esa inmensa porción del
mercado es vital frente al desmesurado crecimiento
en la oferta educativa, con el consiguiente incremento
en el número de egresados. No se puede seguir
proyectando la profesión poniendo el foco únicamente
en las pocas grandes empresas, que conocen muy bien el
aporte del diseño, pero tienen una larga lista de
estudios esperando la oportunidad de brindarles servicios.
Los diseñadores ¿en contra de los negocios?
Quienes eligen al diseño como profesión suelen tener
ciertas características personales en común. Una de
ellas es carecer de habilidad para todo aquello relacionado
con asuntos de negocios. Esta carencia debería alentar
la capacitación en aspectos de gestión empresaria.
Sin embargo, en los ámbitos académicos se oculta el tema
y, en lugar de hablar de «clientes», se haba de «comitentes».
Ese extraño uso llama poderosamente la atención. Podemos
suponer que algunos diseñadores quieren alejarse todo lo
posible del concepto de negocio, para así mantener limpia
«tan digna profesión». De esta manera, nos asemejamos al
médico, que no tiene clientes, sino pacientes.
Pero la medicina es uno de los grandes negocios del mundo.
Cada vez que uno ingresa a un consultorio, lo hace abonando
previamente al entregar su carnet de obra social o medicina
prepaga, para luego tener que aguardar el tiempo que sea
en una soporífera sala de espera, y (posiblemente) terminar
escuchando lo que no quiere oir. En cambio el diseñador,
acostumbrado a las demoras del cliente, trata de mostrarle
aquello que supone le «gustará», para mucho después
intentar cobrar lo que considera que vale su trabajo,
aunque pocas veces lo sepa a ciencia cierta.
¿Por qué creímos que la palabra negocio ensuciaba al diseño?,
¿cuándo decidimos tener comitentes y no clientes? Suele
coincidir que muchos de los que defienden esta posición
extremista de un diseño «noble», alejado de los intereses
y vanalidades del mercado, son justamente los que decidieron
no vivir de la práctica del diseño como profesión.
¿A qué obedece la ausencia de herramientas de gestión en
los planes de estudio de una carrera en la que el 95% de
los estudiantes aspira a formar una empresa? Cuesta encontrar
una explicación. Lo cierto es que desde su formación,
se enseña al diseñador gráfico a rechazar en forma sistemática
la palabra «negocios».
El panorama resulta desalentador: a nuestra incapacidad
natural para la venta, hay que sumarle nuestro perfil
profesional errado —asociado a la informalidad y la bohemia—,
que contribuye a una sub-valoración de la actividad por
parte del mundo empresario, en un mercado en el que la oferta
de diseñadores supera con creces a la demanda, determinando
precios cada vez más bajos para los servicios de diseño gráfico
(ley básica del mercado) y, por ende, también un deterioro en
los sueldos de los diseñadores asalariados.
Los diseñadores gráficos formamos parte de una actividad que
constituye una porción ínfima de la economía y, a pesar de esa
realidad, nos han inculcado cierta ¡culpa! por tener «clientes»
a quienes les «vendemos» nuestros servicios.
En tanto no asumamos nuestra «responsabilidad con nosotros mismos»
y nuestras familias (o futuras familias), seguiremos teniendo problemas
económicos o, llegada cierta edad, nos veremos obligados a
cambiar de actividad por otra que nos permita ganarnos la vida.

 

 

(1)Dato obtenido en el Primer Censo de Aproximación a la Realidad
del Mercado del Diseño Argentino, realizado por Redargenta
en el año 2004. La investigación se llevó a cabo a través de
encuestas a estudiantes, profesionales y docentes, habiendo
abarcado a nueve mil personas, y obteniendo respuestas
de todas las provincias argentinas donde se enseña Diseño Gráfico.

(2)«Empresarialidad en economías emergentes», Informe Argentina.
Banco Interamericano de Desarrollo - Universidad Nacional
General Sarmiento.

Fuente:http://foroalfa.org